La Cumbre de Durban finalizó pero los problemas siguen ahí. Tras arduas negociaciones lo que queda claro es que nos cuesta trabajar para el futuro, sacrificarnos por otros y responsabilizarnos de los problemas medioambientales generados por nuestras generaciones pasadas más recientes y la nuestra.
Es probable que la Cumbre de Durban (Sudáfrica) pase a la historia más como un éxito de la ONU que como un paso clave en la lucha contra el cambio climático. Mientras unos la han calificado como ¨un hito¨, algunas asociaciones ecologistas o países como China han criticado ´´la falta de voluntad´´ de los países desarrollados. La continuación del Protocolo de Kyoto se ha ido debatiendo desde 1995 en las diferentes cumbres organizadas por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y una tras otra son resumen claro “del mucho decir y poco hacer”. Aunque con un destino incierto, se amplía el Protocolo de Kioto, pero se caen Canadá, Japón, Rusia y EEUU que no ratificó el Protocolo de 1997. Sin sorpresas. Quedan fuera, por tanto, los países más contaminantes, ya que la Unión Europea y los estados que se han adherido a la ampliación del Protocolo solo son responsables del 15 % de las emisiones de gases contaminantes. Se establece, en cambio, fijar una hoja de ruta, propuesta por la UE, para reducir sus emisiones que finalice en 2015 con un acuerdo con fuerza legal. Es decir, se establece decidir a futuro.

Sin embargo, por lo que sí pasará a la historia Durban será por convertirse en la ciudad del nacimiento del Fondo Verde para el Clima. Asunto que preocupaba, y mucho, a los países en desarrollo. Este fondo estará destinado a ayudar a los países en desarrollo a hacer frente a los desastres naturales causados por al cambio climático.
En cuanto a la protección de los bosques, sin avances. Por tanto, cobra fuerza la idea de que la financiación para la protección de las selvas venga de centrales eléctricas e industriales que no tendrían que reducir de forma drástica sus emisiones debido a la absorción de dióxido de carbono.
Siguen perdiendo los que siempre pierden y se cruzan de brazos los de siempre. Pero este partido lo perdemos todos. Las emisiones de CO2 conllevan consecuencias globales e irreversibles y no entienden de culpables o inocentes. Las sufrimos todos.
Hay razones sobradas para saber que la Tierra no puede esperar más, y se hace necesario un acuerdo con fuerza legal que obligue a todos a conservar el mundo que nos dejaron nuestros predecesores. Reducir las emisiones generando energía de forma menos contaminante, promover un uso responsable de ésta, utilizar los propios recursos energéticos que nos proporciona el planeta y concienciarnos de que es necesario un cambio inmediato es el único camino que tenemos para “salvar el mañana hoy”. Voluntad política y concienciación deben ir de la mano a Catar en 2015 o volveremos a ver otro claro ejemplo de cómo mientras debatimos, el planeta sufre. Sobre todo, voluntad política, porque la Ciencia con mayúscula ya ha dicho todo lo que tenía que decir sobre el asunto.







