Según las últimas estadísticas, 780 millones de vehículos ligeros para pasajeros circulan por el planeta, y el petróleo, la energía que mueve este sistema mundial de transporte, está bajo sospecha. Las acusaciones son estratégicas y también ambientales. Cada vez es más caro, más escaso, y es uno de los mayores responsables del calentamiento global.
El mundo desarrollado no quiere pararse y ha encontrado en el etanol una alternativa verde al crudo. Brasil lidera con éxito y viabilidad económica el uso de los biocombustibles para el sector del transporte. Aunque las condiciones climáticas y de recursos en Brasil no son exactamente reproducibles en otros países, el caso del etanol es un referente mundial para aquellas economías que han incorporado los biocombustibles en sus agendas energéticas.
En los años 30, Brasil, con más azúcar de la que realmente podía consumir, decidió destinar parte de su producción a la creación de etanol. Sin embargo, este biocombustible experimentó su primer gran avance tras el “shock” del petróleo de los setenta. La crisis duplicó el gasto en importaciones de petróleo y el gobierno se vio obligado a considerar fuentes alternativas de energía para disminuir su dependencia y gasto en combustibles fósiles. Con esto en mente, el gobierno lanzó el Programa Nacional de Alcohol (Pro-Álcool) en 1975 para aumentar la producción de etanol como un sustituto para la gasolina.
Tras un periodo de estancamiento, desde mediados de los ochenta hasta la crisis asiática, remontó en 2001 con tasas de crecimiento similares a las de los años 70. Las fluctuaciones se explican fundamentalmente por la evolución de los precios del petróleo y los cambios políticos en el entorno internacional. Hoy, la industria del etanol es una pieza clave en el desarrollo del país, en su política energética y en su política de empleo. Actualmente Brasil es el principal productor y exportador de etanol del mundo, su industria genera entre 3,5 y 4 millones de puestos de trabajo, y constituye entre un 3,5% y un 4% de su PIB.
Las políticas y mecanismos diseñados por las instituciones en una primera etapa han favorecido el éxito de los biocombustibles en Brasil. Incentivos dirigidos a los productores de caña de azúcar para generar grandes cantidades y dedicar parte de la producción a la creación de bioetanol. Incentivos a los constructores de vehículos para diseñar automóviles que usen biocombustibles, y, por último, incentivos a los consumidores para promover el uso del etanol en lugar de adquirir gasolina. Todo ello ha impulsado el éxito actual del etanol en Brasil con el mercado ya liberalizado, y es fruto del descubrimiento de las oportunidades que se abrían en un entorno con altos costes del barril y a la generalización de vehículos de combustibles flexibles (FFV).
Los vehículos FFV, que ya en 2006 constituían el 80% de los nuevos vehículos en Brasil, están diseñados para usar la mezcla de gasolina y etanol que el consumidor desee. Así, se reducen los riesgos asociados a las fluctuaciones de precios y el consumidor final sólo debe decidir la mejor combinación de etanol y gasolina para su bolsillo. De este modo, a los ritmos actuales, más del 40% del parque automovilístico de Brasil podría estar compuesto por estos vehículos en 2015.
De acuerdo con el informe “Sustainable bioenergy: a framework for decision makers”, publicado por las Naciones Unidas en 2007, se afirma que los biocombustibles son la única alternativa a corto plazo para sustituir la gasolina en el transporte. Con este dato, la expectativa a futuro es que la demanda internacional de etanol brasileño se eleve debido a la mayor sensibilización ambiental y al endurecimiento de las políticas referentes a emisiones. Países como Japón, con un potencial insuficiente de producción de etanol, ya ve en Brasil su principal aliado energético. Del mismo modo, otros países como India, China, EEUU y parte de Europa, pueden tener dificultades para producir el suficiente etanol para cumplir sus objetivos medioambientales, y Brasil puede convertirse en un importante socio estratégico y una potencia en combustibles renovables.
En 2005, la producción mundial de etanol fue de 9,66 millones de galones, de los cuales Brasil produjo el 45,2 por cien y Estados Unidos el 44,5 por cien. Una buena noticia si tenemos en cuenta que una mezcla de gasolina con un 85 por ciento de bioetanol (E85) permite reducir entre un 45 y un 70 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero por cada kilómetro recorrido. El Panel Internacional sobre Cambio Climático (PICC) predice que, si no se adoptan medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, las temperaturas aumentarán entre 1,4ºC y 5,8ºC para 2100, con efectos catastróficos para el planeta.
La industria del etanol cuenta con más de 30 años de experiencia en Brasil y se ha convertido en la punta de lanza de su política energética. De momento, el etanol es la única alternativa clara al petróleo y ha demostrado que sus beneficios no se limitan sólo a su naturaleza menos contaminante. Brasil ha confirmado que la inversión en energías limpias constituye un beneficio económico a medio y largo plazo. Su visión de un futuro energético basado en biocombustibles le ha valido una posición privilegiada en la partida energética, situándose como pieza indispensable en los futuros acuerdos energéticos que se lleven a cabo gracias a lo que Brasil denomina su “solución verde” al calentamiento global.
No todos los países disponen de las condiciones idóneas para generar excedente de caña de azúcar pero sí gozan de otros medios, ya sea sol, olas, mar o viento, que pueden aprovechar para configurar su mix energético de forma acorde con los nuevos escenarios económicos y medioambientales que se plantean. La mayoría de los países del mundo posee condiciones adecuadas para confeccionar su particular “solución verde”; solo hace falta que las instituciones, como ya ocurrió en Brasil, piensen a medio y largo plazo, e inviertan en solucionar los problemas del mañana que, además, pueden ser catalizadores de la actividad y el desarrollo económico. El desarrollo de energías más limpias y renovables es una apuesta de primer nivel por la independencia energética, el empleo y el medioambiente.









