Innovación y Desarrollo Sostenible
Nueva Economía Fórum
Foro España Innova
Madrid, 17 de abril de 2013
Discurso de Manuel Sánchez Ortega,
Consejero Delegado de Abengoa
Querido Embajador Alan Solomont,
Estimado Presidente de Nueva Economía Fórum, José Luis Rodríguez,
Señoras y señores,
Buenos días y muchas gracias a todos por su presencia.
Si me lo permiten, y en reciprocidad a la deferencia del embajador de los Estados Unidos de hablarnos en español, I will say a few words in English.
First of all, I would like to express in the name of Abengoa our warmest condolences to the families of those that were killed at the Boston bomb attacks on April 15th, express also our wishes for the recovery of those that were wounded, and express our support to the nation of the United States against these acts of terror.
I would like now to sincerely express my deep gratitude to Ambassador Solomont for agreeing to introduce me today. I am fully aware that, independently of the mutual affection we share, the real reason that the ambassador is here today is the long, honest and successful track record of Abengoa in the United States. A history that has been characterized by the seamless commitment to values that we share: passion for innovation, admiration for entrepreneurial spirit and respect of commitments. Thank you again, Ambassador.
Quiero por supuesto dar las gracias también a los patrocinadores del Foro España Innova, es decir, a El Corte Inglés y a la Fundación Ramón Areces. Y lo hago desde el cariño que guardo a El Corte Inglés por haber sido la primera empresa en la que trabajé en el verano que hizo de puente entre mi segundo y tercer año de carrera. Me pasé dos meses, los de julio y agosto, vendiendo edredones de plumas de ganso. Yo deseaba que me pusiesen a vender bañadores, o toallas, o material deportivo, pero no; edredones en pleno mes de agosto. Como pueden imaginar se me cayó el alma a los pies, y vi desplomarse mi sueño de ahorrar unas pesetas para cubrir mis gastos de estudiante. Pues bien, nada más lejos de la verdad. Descubrí que hay mucha gente que se prepara para el invierno con anticipación, aprovechando las rebajas de verano, y fui capaz de quedar primero en ventas de todo el departamento. Aquello fue una lección inolvidable de que las oportunidades a veces se presentan vestidas de las formas que menos esperamos; en aquel caso, envuelta de plumas.
Hoy vengo a hablarles al Foro España Innova con un mensaje: España no innova lo suficiente.
Pero también con un mensaje de optimismo: El cambio es posible.
Esto último lo ilustraré de dos formas. Por un lado haciendo referencia a lo que sucede en otros países, especialmente en Estados Unidos, y por otro lado, compartiendo con ustedes lo que a juicio de cada vez más personas es uno de los procesos más increíbles de transformación empresarial de una organización a través de la innovación: Abengoa.
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La idea es simple.
Si queremos que España pueda disfrutar de un desarrollo al nivel de los países más avanzados, y que este desarrollo sea sostenible en todos los sentidos del término, la única vía es el conocimiento y la innovación. La innovación es el único vehículo posible en el que podemos subirnos para alcanzar de forma sostenible la productividad y la competitividad que se requiere para tener un estado de prosperidad resistente que asegure el bienestar en nuestro país a medio y largo plazo.
En síntesis, innovación para un desarrollo sostenible.
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Y ¿qué es un desarrollo sostenible?
Entiendo por desarrollo sostenible un desarrollo que se caracteriza por tres aspectos fundamentales.
- En primer lugar, un desarrollo que pueda mantenerse en el tiempo de una manera estable, sin grandes alteraciones, alteraciones que están normalmente ligadas a la ausencia de estrategia o a diversos tipos de especulación.
- En segundo lugar, un desarrollo que implique unas condiciones medioambientales y un uso de los recursos naturales tales que pueda ser disfrutado y acrecentado por las generaciones futuras.
- Y por último, un desarrollo en el que todos los ciudadanos tengan la oportunidad de participar.
Estos tres aspectos -económico, medioambiental y social-, son imprescindibles para el progreso estable en una sociedad moderna. Podríamos decir, con absoluta certeza que eso ha sido cierto en cualquier momento de la historia, y podemos decir también sin lugar a dudas que eso es más cierto cada día que pasa.
Estamos tocando con la punta de los dedos un mundo con una población estimada de 9.000 millones de habitantes, lo alcanzaremos antes del año 2050, y este crecimiento incesante de la población de nuestro planeta plantea retos importantes y requiere acciones que yo diría inaplazables.
Una de ellas, de las más importantes, es que necesitamos un nuevo modelo energético que sea sostenible en los tres aspectos indicados. El mundo necesita energía, y la va a necesitar siempre, y por ello abordar el modelo energético que necesitamos es una cuestión de la máxima importancia. Y este modelo energético solo puede estar basado en las energías renovables, porque el modelo actual basado en los combustibles fósiles está agotado como modelo por la propia naturaleza limitada de los recursos. Esto es así, esto es evidente, los recursos fósiles tienen el tiempo contado, y cada día que pasa es un día que estamos más cerca de su final. A algunos les gustará más y a otros menos, pero nada de eso va a cambiar el momento en que las fuentes fósiles se agoten. Decía una canción de Joan Manuel Serrat de hace 30 años, quizá alguno de ustedes la recuerde, que “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Pues eso es lo que pasa con el final de las fuentes de energías fósiles, que no tiene remedio.
Pero es que además de que las energías fósiles son limitadas en el tiempo, son generadoras de un cambio climático que no nos podemos permitir desde ningún punto de vista. Ni desde el punto de vista medioambiental, ni desde el punto de vista social, ni desde el punto de vista económico. A este respecto conviene recordar la afirmación del prestigioso economista Sir Nicholas Stern el pasado mes de enero durante su intervención en el World Economic Forum, en Davos: “mirando hacia atrás, subestimé los riesgos. El planeta y la atmósfera parecen estar absorbiendo menos carbono de lo que esperábamos, y las emisiones están creciendo muy fuertemente. Algunos de los efectos están llegando más rápido de lo que pensé entonces”.
El Informe Stern, publicado en 2006, señaló un 75% de probabilidades de que las temperaturas globales aumentarían entre dos y tres grados por encima de la media a largo plazo; pero su autor piensa 7 años después y con más datos y evidencias, que ahora estamos en el camino de un incremento de entre 4 y 5 grados.
Por su parte, el nuevo presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, dijo en el mismo foro que un incremento de 4 grados en la temperatura media de la tierra desembocará en guerras por alimentos y por agua en todas partes.
Para evitarlo, Kim dijo que se requieren acciones contundentes para crear mercado de derechos de emisiones de CO2, la inmediata eliminación de subsidios a las energías fósiles, y hacer más verdes a las 100 mega ciudades del mundo responsables del 60-70% de las emisiones globales.
Respecto al tema de las subvenciones a las energías fósiles, merece la pena recordar el informe del Fondo Monetario Internacional de este mismo mes de abril en el que se destaca que “las subvenciones directas e indirectas a los combustibles fósiles proporcionados por los países ricos y pobres para mantener a sus ciudadanos felices están frenando la economía mundial, están acelerando el cambio climático, y están dañando la salud de las generaciones actuales y futuras”. Añade que estas subvenciones “animan a la gente a utilizar cantidades excesivas de energía, reduce los incentivos para la inversión en energías renovables, y acelera el agotamiento de los recursos naturales”. Al coste de estas subvenciones, que son del orden de magnitud de trillones de dólares americanos, hay que sumar el coste del daño al planeta por el efecto del cambio climático, el coste de las enfermedades originadas por la contaminación y el coste medioambiental de los accidentes que suceden con relativa frecuencia.
No debería caber ninguna duda de que el nuevo modelo energético debe tener como pilares esenciales el uso masivo de la energía renovable y el uso racional de los recursos naturales, pues su carácter limitado nos obliga a poner el énfasis en la eficiencia, la reutilización y el tratamiento de residuos.
Ahora bien, un modelo sostenible de desarrollo económico que contemple estas necesidades solo puede lograrse en base al conocimiento y la innovación que constituyen el principal mecanismo de generación de valor y crecimiento en las sociedades modernas. Tal y como escribió el Nobel de Economía de 1987, Robert Solow, el mayor porcentaje del crecimiento a largo plazo está basado en la innovación, y él cuantificaba este porcentaje en un 80%.
Y ¿qué estoy queriendo decir por innovación?
Hablo de innovación en el sentido amplio del término, es decir, “cambios basados en el conocimiento que generan valor”. Se trata pues de desarrollar tecnología, de desarrollar nuevos procesos y de buscar nuevas formas de resolver viejos problemas. Cambios basados en el conocimiento científico y tecnológico, pero también en las artes, humanidades y ciencias socio-económicas; conocimientos adquiridos dentro y fuera de las empresas mediante la investigación, el desarrollo tecnológico y la creatividad de todo tipo. Cambios que generan un valor reconocido por el mercado y que pueden ser anticipados por el impulsor; y cambios que se desarrollan en un ambiente que persigue la prosperidad real y no la especulación.
Desde el punto de vista empresarial, la innovación supone riesgos que deben ser controlados desde la evaluación y la vigilancia permanente, pero el mayor riesgo sería no asumir ninguno. La innovación debe ser adoptada como opción, de manera consciente, a través de la planificación y la estrategia, y debe formar parte de la cultura empresarial. Requiere de personas, procesos y herramientas para gestionarla; y debe, ser reconocida y medida en la mejora de los productos y servicios y en la capitalización de los resultados.
Me referiré más que a cualquier otra, a la innovación tecnológica, a aquella que está basada en la generación de conocimiento a través de la investigación, su transformación en tecnología, y que deviene en competitividad, desarrollo sostenible y crecimiento a medio-largo plazo. Esta cadena planificada de investigación, desarrollo tecnológico, innovación y competitividad, es lo que distingue y ha hecho fuertes a los países más desarrollados.
Una cadena que requiere:
- empresarios con coraje que sepan identificar la innovación como fuente de crecimiento y asuman el riesgo de llevarla a cabo;
- universidades y centros de investigación que entiendan la creación y transferencia de conocimiento como una necesidad interiorizada en su propia función social;
- y unos gobiernos, que planifiquen y legislen de manera predecible para crear el marco estable en el que pueda darse el ciclo virtuoso de educación, inversión e innovación.
Permítanme tomar una perspectiva histórica que explica algunas de estas cosas.
La mayor fuente de conocimiento en nuestra sociedad ha sido históricamente y es aún hoy la universidad. En España no hemos sido y seguramente no somos totalmente conscientes del papel tan importante que para el desarrollo en el mundo actual juegan universidades y centros de investigación. Su papel ha ido evolucionando desde instituciones medievales meramente docentes, a lo que son hoy en las sociedades tecnológicamente más avanzadas.
A principios del siglo XIX, se creó en Berlín la primera universidad investigadora de la historia. Este modelo se trasladó a los Estados Unidos con la creación en 1876 de la Johns Hopkins University como primera “research university” del país.
Durante la segunda guerra mundial y en las décadas posteriores, los Estados Unidos se consolidan como primera potencia mundial. En gran medida en base a un sistema de universidades y centros de investigación donde se produce el conocimiento que hace posible el poder tecnológico, industrial, y económico del país.
Para que el sistema haya dado todos sus grandes resultados, ha tenido que producirse un hecho fundamental más allá de la transformación de algunas universidades en instituciones investigadoras.
Las universidades y centros de investigación americanos forman parte de un triángulo de alianzas en cuyos otros dos vértices se encuentran los intereses nacionales de los Estados Unidos, y las empresas:
- Los primeros, los intereses nacionales, están bien reflejados en una política científica e industrial, que es planificada de manera estable y es respetada a lo largo del tiempo por políticos de cualquier signo.
- Por su parte, las empresas, en un entorno estable, están dispuestas a asumir riesgos con el desarrollo y comercialización de nuevos productos haciendo uso del conocimiento científico y técnico.
Cabe preguntarse en este punto, “¿de dónde viene ese espíritu emprendedor que comparten universidad, empresas y Administraciones en Estados Unidos?”. No dudo que puede haber varios factores que lo expliquen, pero sin duda hay un factor esencial sin cuya participación sería imposible que de forma natural se produzca esa convergencia. El factor al que me refiero es el modelo educativo desde el primer año del colegio, modelo educativo que aplicado durante décadas sin cambios de rumbo hace que generaciones de hombres y mujeres que desarrollarán su actividad profesional en (i) la industria, (ii) en las universidades y centros de investigación, o (iii) en la política, lleven su mente preparada para buscar, priorizar y premiar la innovación venga de donde venga.
Es esencial el papel que juega la educación básica, pues es la base de todo lo que pasa después.
- Una educación que desarrolle el espíritu emprendedor e innovador, para lo cual es esencial que desde la base se disocien los conceptos de fallo y fracaso.
- Una educación que asuma que hay que intentar las cosas, y que asuma como natural que es inevitable que se produzcan fallos, los cuales son una gran fuente de aprendizaje.
Pero fallar no es fracasar. Fallar es la antesala de volver a intentarlo corrigiendo los errores encontrados. El espíritu innovador y emprendedor de las universidades, empresas y administraciones americanas no se crea de la nada, se siembra desde el primer año de educación primaria, y su fruto es una generación tras otra de mentes curiosas y desafiantes que saben que el fracaso solo existe cuando no se intentan las cosas. Y mentes generosas con el reconocimiento del éxito.
En España el modelo educativo convierte los fallos en fracasos, y eso capa la iniciativa y mata la frescura, lo que en último término desemboca en un inmovilismo mental por miedo al fracaso. Es un sistema basado en la memoria y los conocimientos. Nada en las capacidades. Nada en aprender haciendo. Solo formación pasiva de los alumnos. ¿Cuál es el resultado de ello? Déjenme que comparta un dato aterrador relacionado con nuestro modelo educativo: en España el 28,4% de los jóvenes entre 18 y 24 años no ha completado la educación secundaria. En Alemania el 11,9%.
Si no preparamos a nuestros niños desde pequeños:
- para que desarrollen el espíritu emprendedor,
- para que desarrollen la curiosidad por la innovación,
- para que sientan la irresistible necesidad de cuestionar todo,
- para que el fallo sea el acicate para intentarlo con más fuerzas en lugar de la espada de Damocles que corte sus cabezas,
- o para que tengan la ambición de querer mejorarlo todo, conscientes de que el único límite verdadero es no intentarlo.
Simplemente seremos incapaces de cambiar el modelo.
El modelo americano ha sido reconocido y aplicado desde hace décadas hasta tal punto que ya en 1961 el Presidente Eisenhower decía en su discurso de despedida de la nación: “el inventor solitario ha sido sustituido por ejércitos de científicos en laboratorios y campos de pruebas; la Universidad ha experimentado una revolución en la forma de hacer investigación; y el contrato con el gobierno se ha vuelto sustituto de la curiosidad intelectual”.
La alianza entre gobierno, industria y universidades, que en la época a la que aludía Eisenhower fue aplicada fundamentalmente a la industria de la defensa, dio lugar posteriormente a un sólido desarrollo en campos como la agricultura, la microelectrónica, la medicina, la informática o las telecomunicaciones en sus numerosas ramas actuales.
Los desarrollos logrados de esta forma, no solo en los Estados Unidos, han permitido la transformación general hacia la llamada sociedad del conocimiento. Una sociedad en la que ciencia, investigación, desarrollo tecnológico e innovación son las principales herramientas para el desarrollo sostenible.
52 años después de esta declaración del Presidente Eisenhower, por cierto del partido Republicano, el Presidente Obama, del partido demócrata, decía el pasado 2 de abril cosas tan interesantes como las que les leo en las siguientes tres citas:
- “Hoy he invitado a algunas de las personas más inteligentes del país, para hablar sobre el reto que cité en mi discurso sobre el Estado de la Nación: crecer nuestra economía, crear nuevos puestos de trabajo, reactivar a la creciente clase media a través de invertir en uno de nuestros principales puntos fuertes, y eso es la innovación estadounidense”.
- Decía también que “las ideas son la energía de nuestra economía. Es lo que nos diferencia. Es de lo que va la historia de Estados Unidos. Hemos sido una nación de soñadores y tomadores de riesgo; gente que ve lo que nadie más ve, antes de que nadie lo vea. Hacemos innovación mejor que nadie, y eso hace que nuestra economía sea más fuerte. Cuando invertimos en las mejores ideas antes de que alguien más lo haga, nuestras empresas y nuestros trabajadores pueden hacer los mejores productos y ofrecer los mejores servicios antes que nadie”.
- Y concluía resaltando: “no queremos que nuestros hijos o nietos vuelvan la vista atrás hacia este día y deseen que hubiésemos hecho más por mantener a Estados Unidos a la vanguardia. Quiero que cuando miren hacia atrás se sientan orgullosos de que tomamos algunos riesgos, y que aprovechamos esta oportunidad. Eso es de lo que va la historia de Estados Unidos. Eso es quienes somos”.
Llegados a este punto conviene pararse un par de minutos en algo tan elemental como esencial. La innovación requiere invertir con mentalidad de largo plazo, requiere asumir riesgos tecnológicos, y sin inversión simplemente no hay innovación. Como decía Serrat, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.
Una diferencia entre los países con modelos de innovación con y sin éxito es el papel de la financiación privada frente a la inversión pública. Así, de acuerdo a Main Science and Technology Indicators, mientras en países como Japón, Corea o Estados Unidos el peso de la financiación pública en la inversión en I+D es respectivamente del 24, 28 y 37%, en España es del 61% frente a solo el 39% del sector privado. Curiosamente Alemania tiene justamente los porcentajes contrarios, es decir, 39% público frente a 61% privado.
Pero entonces si el papel principal de las administraciones públicas no es la financiación, ¿cuál es? Pues, además del de mantener un modelo educativo que no cambie cada cuatro años, el de establecer un marco predecible en el que la inversión privada esté dispuesta a asumir los riesgos y plazos propios asociados con la innovación.
El capital semilla, el capital riesgo, el capital privado, las empresas, los mercados de capitales están dispuestos a asumir los riesgos tecnológicos y los riesgos industriales asociados con la innovación, conscientes de que habrá fallos, no fracasos, pero que a medio plazo siempre se genera valor. Los inversores privados requieren reglas de juego claras al amparo de las cuales asuman el riesgo tecnológico de invertir su dinero, el de sus familias o el de los ahorradores que han depositado su confianza en ellos. Lo que los inversores no están dispuestos a asumir es el riesgo del cambio de reglas de juego a mitad de partido, ni la inseguridad jurídica.
Y por mucho que alguien se empeñe en que los inversores deben asumir el riesgo asociado con la inseguridad jurídica, lo cierto es que ese tipo de capital no es el que está interesado en el desarrollo sostenible, en el bienestar social, ni en el progreso. El tipo de capital dispuesto a invertir en entornos donde la seguridad jurídica es un concepto moldeable a golpe de Decreto Ley es el capital especulativo de corto plazo, capital que sin duda alguna exigirá una prima por asumir ese riesgo. El capital emprendedor, el de largo plazo, el que se requiere para crear el entorno estable donde florezca la innovación es incompatible con la arbitrariedad jurídica. La pregunta que cabe hacerle a quien se empeñe en animar a los inversores a invertir en países sin seguridad jurídica es:
“¿Invertiría usted su propio dinero, el de su familia o el de los inversores en su compañía que han depositado la confianza de sus ahorros en sus manos, en un país sin seguridad jurídica?”.
En definitiva, la innovación requiere inversión, y la inversión requiere reglas claras. Los países serios que no juegan con la seguridad jurídica atraen inversión que genera innovación, progreso y bienestar. Los países que piensan que la seguridad jurídica y el respeto a los compromisos anticipados es un tema matizable, ahuyentan a la inversión y matan por tanto la innovación. Les ahorraré citarles nuevamente a Serrat.
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En este contexto, ¿cómo es la situación española en relación con la I+D y la innovación?
De acuerdo a datos del Informe Cotec 2012, Tecnología e Innovación en España y de la publicación Estadísticas sobre actividades de I+D INE 2011, en España la inversión en I+D se multiplicó por 2,5 entre los años 2000 y 2008 llegando a alcanzar el 1,39% del PIB. Esa progresión se ha estancado y ha habido un ligero retroceso en los tres últimos años. La media de inversión en I+D en la Unión
Europea es en la actualidad del 2,4% del PIB, en Alemania del 2,8%, en Finlandia y Suecia del 3,5%, en Japón del 3,4% y en Estados Unidos del 2,5%.
La crisis económica ha puesto de manifiesto las mayores debilidades de algunos países y regiones en comparación con otros. Una de las primeras características diferenciadoras, es que las economías más vulnerables son aquellas en las que el peso del sector industrial, en el sentido amplio y moderno del término en el que la innovación y la tecnología ocupan un lugar central, es menor. Basta comparar Alemania con España, o incluso diversas regiones dentro de España. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística, en 2012 la tasa de paro en Andalucía fue del 37,8% frente al 15,9% del País Vasco, es decir menos de la mitad. Por contra, el peso de la industria en el total de la economía andaluza fue de solo el 11,3% frente al 27,2% del País vasco, es decir, más del doble.
La única salida posible sostenible a largo plazo es el desarrollo de una industria moderna basada en el conocimiento, la innovación y la tecnología. Eso nos hará más competitivos de forma sostenible. Tenemos que tomarnos muy en serio el I+D+i, no como vía para salir de la actual crisis, pues los efectos de estas políticas tardan años en causar un cambio, sino para que sea una constante en nuestro modelo económico como el factor básico del crecimiento sobre el cual cimentar una economía menos vulnerable a nuevas crisis económicas.
Mejorar la competitividad solo en base al empobrecimiento, en caso de que sea un camino exitoso, lo será solo a corto plazo, porque créanme, siempre aparecerán países con menores costes. Nuestra aspiración como plan de futuro no puede ser que seamos siempre el país con la mano de obra más barata. El pasado 8 de abril el diario New York Times publicaba una noticia referente a que cada vez más empresas estaban considerando abrir nuevas plantas en Camboya en lugar de en China porque el coste de una persona en una planta de fabricación en aquel país es solo un tercio del coste en China.
¿Cómo abordar ese camino en España?
Según el modelo internacionalmente reconocido del Prof. Hausmann, Director del Centro Internacional de Desarrollo de la Universidad de Harvard, el crecimiento de la industria de un país solo puede hacerse desde el desarrollo de las propias capacidades, fundamentalmente a través de la I+D, la tecnología y el conocimiento, y en base a productos cercanos a aquellos en los que ya se tenga conocimiento previo. Se trata de partir de sectores existentes, fortalecerlos, hacerlos competitivos, y hacerlos crecer hacia nuevos productos en base al desarrollo del conocimiento y la tecnología. En general, deben evitarse saltos a sectores que requieren capacidades muy distintas a las que se tienen, ya que esto conduce habitualmente al fracaso.
Existen en España varios sectores que cumplen los requisitos para construir sobre ellos un desarrollo industrial próspero y sostenible. Pueden citarse algunos tales como el agroalimentario, el ferroviario, el aeronáutico, el automovilístico, el diseño textil o el de las energías renovables. Entre ellos me referiré al de las energías renovables, además de porque es el que mejor conozco, por su capacidad de crecimiento, por ser un dinamizador de inversiones en innovación, y por representar una oportunidad real de situar a España en el liderazgo mundial.
Es reconocido por todos que el mundo evolucionará en las próximas décadas hacia un modelo energético renovable. En nuestro entorno más cercano no hay más que constatar el Energy Roadmap 2050 aprobado por la Comisión de la Unión Europea recientemente. Siendo pues previsible un gran crecimiento mundial de este sector que tiene una importancia económica y estratégica de primera magnitud, se da la feliz circunstancia de que existen en España empresas que son líderes en sus respectivas tecnologías; especialmente en el caso de las tecnologías eólicas y termosolar.
Al día de hoy, España es líder mundial y empresas españolas ocupan los primeros lugares en el desarrollo y construcción de plantas eólicas y termosolares en este importante mercado emergente.
Por primera vez en la historia, empresas españolas hacen contribuciones relevantes para desarrollo tecnológico e industrial de un sector de primer nivel económico mundial, con productos de alto valor añadido. Este liderazgo tecnológico se ha conseguido gracias a la coincidencia de los siguientes factores:
- una apuesta sostenida por la innovación,
- un plan de largo plazo de investigación y desarrollo realizado conjuntamente por centros de investigación, universidades y empresas privadas,
- un plan industrial elaborado por unas administraciones centrales y autonómicas que entendieron el valor diferencial de la apuesta,
- un conjunto amplio de empresarios que decidieron asumir el reto y el riesgo tecnológico, y arriesgaron su dinero.
Esta industria tecnológicamente puntera y competitiva a nivel global produce grandes beneficios en empleo y desarrollo industrial no solo de manera directa, sino inducidos en otros sectores y actividades económicas de manera indirecta, ya que la mayor parte de la cadena productiva se queda en España.
Cualquier inversión en energías eólicas y termosolares en España genera prácticamente toda su actividad económica en nuestro propio país. En este momento miles de españoles disfrutan de empleos de calidad diseñando, construyendo y operando plantas eólicas y termosolares en España y en muchos otros países y generando actividad económica en su entorno. Su tecnología líder ha conducido a que empresas españolas estén construyendo y operando plantas en los países más desarrollados del mundo dando lugar a la generación de empleo de calidad en España y a un importante nivel de exportación. Es este un sector con alto contenido tecnológico y con una inversión en I+D, en el caso termosolar, tres veces superior a la media de la industria española.
La energía termosolar será, según la Agencia Internacional de la Energía, protagonista en el siglo XXI gracias a su gestionabilidad. Su capacidad de almacenamiento la hace, a diferencia de otras renovables, no intermitente. Al igual que la hidroeléctrica, que permite transformar un recurso intermitente como es la lluvia, en uno gestionable, así lo hace la termosolar con el sol. Se espera que alcance costes de producción equivalentes con los de los ciclos combinados de gas antes del 2020. La energía termosolar es una realidad incuestionable y tiene un futuro brillante.
El modelo energético mundial será renovable con o sin España. Pero hoy tenemos la oportunidad única de mantener y crecer en nuestro liderazgo, exportar tecnología, y crear riqueza y empleo de alta cualificación. También podríamos optar, como tantas veces, por ser meros usuarios y que durante décadas paguemos un alto precio por los productos que otros han desarrollado, que las inversiones en I+D se realicen en otros países y que los empleos de calidad se generen fuera de España. Con el esfuerzo de las empresas y el apoyo de las administraciones se puede convertir este sector en un motor sostenible para el desarrollo industrial y económico.
Sin duda, se requieren administraciones fiables e independientes que con sus decisiones mantengan una política industrial clara, estable y coherente más allá de la legislatura o el partido al que pertenecen. Administraciones con una estrategia para el desarrollo de los sectores donde España pueda ser competitiva; y desde luego administraciones que no creen incertidumbre al modificar condiciones a posteriori que perjudiquen gravemente a las empresas innovadoras y maten la industria.
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Permítanme dedicar los minutos finales de mi intervención a exponer como desde las empresas se puede y se debe apostar también por la innovación como la palanca para alcanzar un crecimiento sostenible, incrementando la competitividad y generando empleo, y permítanme que lo haga compartiendo con ustedes una aventura apasionante: la aventura de Abengoa.
En Abengoa, la innovación en su sentido más amplio, la investigación y el desarrollo, son la base fundamental de nuestra estrategia de crecimiento.
Enfocamos nuestro crecimiento hacia nuevas tecnologías que contribuyan al desarrollo sostenible, como por ejemplo:
- la generación de energía eléctrica a partir de recursos renovables,
- la producción de biocombustibles a partir de biomasa agrícola y de residuos sólidos urbanos,
- la producción de agua potable a partir de la desalación o el reuso,
- la utilización del hidrógeno como vector energético,
- el reciclado de residuos industriales,
- y la creación de infraestructuras respetuosas con el medioambiente.
Estamos inmersos en promover nuevas soluciones en los sectores de energía y medioambiente en base a programas de desarrollo tecnológico e innovación, y por ello invertimos en I+D en torno a los 100 millones de euros al año, para desarrollar y hacer crecer las tecnologías con mayor potencial. Todo ello con un especial énfasis en atraer, formar y retener a los mejores profesionales, y con el compromiso permanente de Abengoa con el desarrollo sostenible.
Nuestra actividad de I+D implica una estrecha colaboración con un gran número de universidades y centros de investigación de diversos países, fundamentalmente España, y los Estados Unidos.
Nuestro sistema de I+D+i incluye herramientas de gestión y valoración que permiten minimizar los riesgos y maximizar el valor de nuestros proyectos de investigación, desarrollo e innovación. Evaluamos permanentemente para cada proyecto las diferentes fases por las que atraviesan:
- empezando por la detección de la oportunidad o necesidad,
- la investigación preliminar,
- el diseño conceptual,
- la experimentación a escala de planta piloto,
- la comprobación a escala de planta de demostración y,
- por último, el despliegue comercial.
En cada fase detectamos fallos, no fracasos; evaluamos si debemos continuar o no; discutimos las lecciones aprendidas, y ajustamos de cara a continuar con la siguiente etapa. Es un proceso continuo en el que involucramos las perspectivas tecnológicas, económicas y comerciales.
En cada momento tenemos proyectos de innovación de tecnologías ya en operación, de implementación en fase comercial de tecnologías nuevas ya probadas, y de desarrollo de nuevas tecnologías que sustentarán nuestras soluciones en el medio y largo plazo.
Tenemos un equipo de 726 personas que están dedicadas a la innovación tecnológica, y hemos desarrollado 221 patentes en los últimos 4 años, lo que creo que es el mejor indicador de que vamos avanzando por el buen camino.
Dos ejemplos de este recorrido desde la I+D a nuevos productos son las plantas solares de torre de vapor sobrecalentado y las plantas de conversión de biomasa en biocombustibles.
En el primer caso hemos evolucionado desde plantas de torre de vapor saturado como la PS-10 que tenemos en operación en Sevilla, que fue la primera planta solar de torre comercial del mundo, a una planta de torre de 50 MW de vapor sobrecalentado cuya construcción hemos comenzado en 2012 en Sudáfrica. Con la tecnología de esta nueva planta:
- se incrementa la eficiencia del ciclo de generación en un 40%
- y se reduce el consumo de agua en más de un 80%
- ambas mejoras nos lleva a una reducción de costes de un 25%, estando más cerca de la paridad con otras fuentes de energía de origen fósil.
Adicionalmente, las nuevas torres que estamos diseñando y probando ahora, de mayor potencia y mayor temperatura, y que estarán disponibles a nivel comercial en dos años, volverán a bajar los costes de producción nuevamente, dando cada vez más credibilidad al objetivo de que esta tecnología sea competitiva con plantas de ciclo combinado en el horizonte de 6-7 años.
En el caso de los biocombustibles de segunda generación hemos desarrollado desde el laboratorio un proceso eficiente de hidrólisis enzimática que ya ha sido probado en las plantas piloto de Nebraska y de demostración de Salamanca. Desde el año 2009 a 2011, el coste de encimas por litro de etanol se dividió por tres y esperamos volver a dividirlo otra vez por tres antes de finales del 2014. A lo largo de 2013, entrará en funcionamiento la planta comercial de Hugoton (Kansas):
- con una producción de 100 millones de litros de etanol al año a partir de paja de maíz,
- con un rendimiento de 300 litros de etanol por tonelada de paja,
- y un coste estimado en esta primera planta que será solo entre un 5% y un 20% superior al de producir gasolina asumiendo un costo del petróleo de entre 100 y 80 dólares por barril.
No nos cabe duda de que en muy poco tiempo, el bioetanol lignocelulósico producido en las próximas plantas, será plenamente competitivo. Es justo agradecer el apoyo del Departamento de Energía de los Estados Unidos en el desarrollo de esta primera planta.
Una derivada de esta tecnología es la conversión de residuos sólidos urbanos en biocombustibles, un proyecto en el que tenemos una gran ilusión depositada y que ya se encuentra a escala de planta demostración en Salamanca. El reto que nuestra sociedad tiene respecto a la gestión de los residuos sólidos urbanos es escalofriante, pues cada vez somos más personas generando más residuos. Solo en
España generamos anualmente en el entorno de 25 millones de toneladas de residuos, cuya total conversión en biocombustibles equivaldría a sustituir el 18% del consumo de gasolina que viene del petróleo hoy, lo que teniendo en cuenta que hoy pagamos a otros países 40.000 millones de euros aproximadamente en importación de hidrocarburos podría representar en el entorno de 7.000 millones de euros menos de desequilibrio en nuestra balanza comercial. Y además de ese beneficio económico, el beneficio medioambiental y social de creación de empleo en España.
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Termino ya citando a modo de síntesis ejecutiva los cinco elementos clave para potenciar la innovación, la competitividad y el desarrollo sostenible:
- Primero, una educación que prepare a los ciudadanos para el desarrollo de innovación, ciudadanos que desempeñarán su función en la empresa privada, en la Universidad o en la Administración Pública.
- Segundo, una estrecha colaboración entre las empresas, las universidades y las administraciones públicas.
- Tercero, la disponibilidad de inanciación, mayoritariamente asumida por el sector privado, para los nuevos desarrollos que van desde el laboratorio a las plantas de demostración.
- Cuarto, políticas de innovación y planes de desarrollo industrial claros y duraderos que potencien los sectores de la economía donde se pueda ejercer liderazgo.
- Y quinto, seguridad jurídica.
Nada más. Sólo me queda dar las gracias de nuevo a los organizadores, al embajador Alan Solomont y a todos ustedes por su atención.