Como ya hemos analizado en artículos anteriores, las principales fuentes alternativas de agua son la desalación, la reutilización de aguas residuales y la recuperación de acuíferos contaminados. Estas nuevas fuentes de agua pueden tener la calidad necesaria para muchos usos, desde consumo humano hasta procesos industriales, pasando por la agricultura, contribuyendo así en múltiples maneras al desarrollo de las poblaciones establecidas en estas zonas que sufren desertificación.
En el sector agrario y de desarrollo rural es necesario considerar medidas agroambientales que permitan prevenir y mitigar los procesos de degradación de las tierras, así como incentivos para la forestación de zonas marginales no aptas para uso agrícola.
En el sector forestal, urge la restauración de la cubierta vegetal, la gestión forestal sostenible y la lucha contra los incendios y actuaciones de defensa y protección del monte.
Y, además, una correcta gestión de los recursos hídricos es clave para garantizar la lucha contra la desertificación. El aporte de nuevos recursos hídricos que favorezcan la no sobre explotación de los recursos naturales representa una garantía de éxito para las anteriores medidas. Además, la puesta en marcha de las medidas necesarias para la recuperación de acuíferos que se encuentren sobreexplotados o contaminados y la creación de nuevos recursos, contribuirá a la lucha contra la desertificación, favoreciendo la recuperación de los recursos naturales presentes y ayudando al mantenimiento de poblaciones y explotaciones de terrenos de cultivo.