Imaginemos por un minuto que no tuviésemos lavadoras, ni luz, ni móviles, ni ordenadores, ni transporte motorizado, ni un sin fin de comodidades que nos proporciona el acceso a la energía. ¿Cómo sería nuestra vida? Quienes vivimos en los países OCDE pocas veces nos planteamos o sufrimos por la crisis energética y nos olvidamos que la otra parte del planeta, la que no comparte nuestras preocupaciones diarias porque simplemente no tiene las necesidades mínimas cubiertas, no tiene acceso a la energía. Un bien fundamental para el progreso que Naciones Unidas ha querido promover declarando el 2012 el “Año Internacional de las Energías Sostenible para todos”.
La frase “para todos” no es baladí. En los países en desarrollo 3.000 millones de personas dependen de la biomasa tradicional como fuente de calefacción o para cocinar. 1.500 carecen directamente de electricidad y millones de personas simplemente no pueden pagar estos servicios aunque estén disponibles. Y todos ellos son los que más sufren el cambio climático.
Reducir la pobreza y mejorar el nivel de vida de la mayoría de la población mundial es posible si se hace un esfuerzo por conseguir el acceso a servicios energéticos modernos, asequibles y poco contaminantes que permitan un desarrollo sostenible. Es por esto por lo que Naciones Unidas hace un llamamiento para que las energías renovables ofrezcan alguna oportunidad a los “no tecnológicos”, que por el hecho de no serlo, se les imposibilita el desarrollo económico, el acceso a servicios sanitarios, escolares y oportunidades empresariales.
El filósofo griego Epicteto dijo sabiamente que “el Sol da a cada ser humano, sin tener que pedírselo, la energía que necesita”. En la actualidad sabemos transformarla en electricidad y aprovecharla, gracias, sobre todo, a la energía termosolar. Esta tecnología ha experimentado grandes avances en los últimos años y permite el uso de la energía y su transformación en electricidad en horas de máximo consumo eléctrico, como al atardecer o durante la noche. Además, sus costes de generación, una vez amortizada la planta, son muy bajos. Retrasar su implantación y desarrollo significa únicamente poner freno al desarrollo y la justicia social. Urge, y mucho, un cambio energético a nivel mundial para promover el acceso a la energía y asegurarnos un futuro sostenible para evitar que el clima y el planeta dejen de dar bandazos. Es primordial invertir en el acceso a opciones de “tecnología energética menos contaminante, socialmente aceptadas y ecológicamente racionales”.
Para nosotros, la crisis económica se ha convertido en la crisis con mayúsculas y olvidamos que hay otra crisis que nos afecta a todos, incluso a esos que no han hecho nada para merecerla. El acceso a la energía, en particular a la sostenible, posibilitaría a millones de personas la generación de ingresos mediante el uso de bombas solares para la irrigación o electricidad para un pequeño negocio; brindaría energía a centros de salud comunitarios, frigoríficos para almacenar medicamentos y alimentos, reduciría el tiempo y el trabajo pesado de recolectar leña. Posibilitaría, además, la iluminación nocturna para que los más pequeños pudiesen estudiar y ofrecería alternativas menos contaminantes y más eficientes para cocinar y generar calor.
El 2012 ofrece una valiosa oportunidad para que sociedad, instituciones y gobiernos tomen conciencia sobre la importancia del desarrollo de las energías renovables en el ámbito local, nacional, regional e internacional. El reto, difícil pero factible: duplicar el peso de las energías renovables en el consumo mundial hasta alcanzar el 30% en 2030. De nuestra parte del mundo depende que 1.500 millones de personas conozcan lo que significa vivir con más energía que la de sus propias manos.