La energía del futuro

Desde hace miles de años, el ser humano aprovecha la energía solar (la luz y el calor provenientes del Sol) utilizando diversas tecnologías que, con el paso del tiempo, han ido evolucionando y mejorando. No cabe duda de que la radiación solar es el motor de nuestro planeta, pero además representa la mayor parte de su energía renovable. De hecho, todas las fuentes conocidas de energía, renovables y no renovables, son producidas directa o indirectamente por la radiación que el Sol proyecta sobre la Tierra. Por ejemplo, se estima que entre el 1 y el 2 por ciento de la energía solar se convierte en viento. Si a ello se une el hecho de ser la que mayor rendimiento energético proporciona por superficie de tierra utilizada, parece evidente que la energía del Sol es la que mejor encaja en el difícil puzle del desarrollo sostenible.

El cambio climático, el agotamiento de los combustibles fósiles y la creciente demanda de energía hacen necesario basar el futuro modelo energético en una adecuada combinación de recursos renovables autóctonos con un mercado flexible que permita el comercio de energía entre países para satisfacer las necesidades globales; sin perder de vista que, para ser sostenible, el modelo debe proporcionar tanto seguridad energética como una reducción de los impactos ambientales derivados de la producción, la transmisión, y la distribución de la energía, especialmente los relacionados con el cambio climático.

En este sentido, no hay que olvidar que el consumo de energía a finales del siglo XXI será 2,5 veces superior al actual, con el consiguiente incremento de las emisiones. Se estima que para lograr una reducción en la emisión de gases de efecto invernadero de alrededor del 20 por ciento (con respecto al supuesto de mantener el patrón actual de generación eléctrica), sería necesario generar entre un 40 y un 50 por ciento de la energía a partir de fuentes renovables, y como no todos los países reciben la misma cantidad de radiación solar durante el año, habrá que buscar el mix energético idóneo para cada zona.

Son varios los estudios publicados que afirman que bastaría cubrir con colectores solares alrededor de un 1 por ciento de los desiertos cálidos del planeta, para satisfacer las necesidades eléctricas del mundo entero. Otras estimaciones señalan que la energía solar disponible en los desiertos es 700 veces superior al consumo de energía primaria en todo el mundo. Por tanto, parece lógico invertir para generar energía en las zonas desérticas. Esto, además, contribuiría al desarrollo social y económico de esas regiones. De hecho, ya existen iniciativas, como Desertec, que buscan proporcionar una oferta sostenible de electricidad y agua potable para Europa, Oriente Medio y el Norte de África en 2050 a partir de la energía solar captada en los desiertos. De acuerdo con el estudio TRANS-CSP, del Centro Aeroespacial Alemán, los principales expertos del sector aseguran que importar energía eléctrica de origen solar en 2020 costará alrededor de 0,05 €/KWh, lo mismo que supone hoy producir electricidad a partir de carbón o gas.

Difícilmente podremos disfrutar de todas estas ventajas si los gobiernos no apoyan con decisión el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a la energía solar. La industria y los inversores privados necesitan tener un marco legal y regulatorio adecuado que permita contar con un mercado específico sobre las renovables, por el que se garanticen las inversiones a realizar.

En este sentido, uno de los esquemas que mejor ha funcionado es el de la tarifa (“feed-in tariff”), que determina, para cada tecnología, un precio fijo para la producción de energía renovable a lo largo de la vida útil de la planta. Con el tiempo, los gobiernos pueden ir reduciendo la tarifa para incentivar la inversión en I+D y motivar con ello la disminución del precio al que las nuevas instalaciones que accedan al mercado venderán la energía.

Así pues, nuestro futuro energético estará garantizado si hacemos hoy los cambios necesarios para asegurar que nuestros nietos puedan gozar de un suministro de energía constante, barato, limpio y renovable.

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Una respuesta a La energía del futuro

  1. Benjamín Rivas dijo:

    Espero que la nueva planta en Polonia, adjuditada a la empresa Abengoa “Andaluza “, -por fin algo para andalucía – por valor de 380 millones de euros, sirva para aminorar las emisiones en toda europa ,refinancie a Abengoa de nuevo y vuelva a cotizar los 32 eur por acción como antaño, frente a los 11,30 que cotiza en estos momentos. Es cierto que las energías renovables y los puntos de recarga para vehículos eléctricos están llegando, y que falta por identificar y crear unas tarifas acorde en cada país , pero yo las pagaría encantado, ya que nos estamos cargando el planeta.A ver si dejamos ya el combustible fósil , eso si que es primitivo, un simple alternador de coche , con una élice y conectado a 6 baterías de 70 amperios da energía suficiente para iluminar un casa. Con 3 horas de viento al día se recargarían, igualmente , los puntos de recarga para vehículos tampoco son la panacéa, debajos de cualquier techo solar se podría accionar una apertura para poner un panel solar que recarge las baterías y cerrarlo a libre albedrío para los dias de lluvia o granizo no se dañen las placas. ideas hay muchas, y sol y viento en este país es lo que nos sobra.

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